El Salto del Biergue. ¡Un cóctel de emociones!

camino-sierra-de-guara

El confinamiento nos ha re-descubierto sentimientos y emociones. En mi caso me ha hecho recordar todo lo que sentí en una escapada de fin de semana con mi moto en un sitio que me cautivó. Por su luz, paisaje, ruta… vamos que cuando cierro los ojos por la noche me transporto hasta allí.

Un fin de semana corto pero intenso.

Es domingo por la tarde y he terminado de trabajar. Lo tengo todo preparado y por fin me dispongo a salir. Ya encima de la moto pongo rumbo a Huesca, por lo fácil. Carretera nacional 240 Reus-Lleida y por la A-22 hasta Ponzano (carretera de Huesca a Barbastro), el pueblo donde se encuentran los Bodegas Osca que visitaría al día siguiente (lunes).

Ubicadas las bodegas, el siguiente punto en el mapa es el Salto del Biergue, unas piscinas naturales que son el punto final para los que practican el barranquismo en la Sierra de Guara y zona de baño, en verano, para mucha gente.

Piscinas Biergue

La Ruta de Ponzano – Biergue, donde se encuentra el salto, es preciosa. Primero un pequeño tramo por la nacional que más tarde se pierde por una carretera de un solo carril. De esas que van cruzando pueblecitos y zonas residenciales con casas de piedra vista, flores y sus jardines inmaculados con el césped bien cortado. El recorrido, de unos 30 minutos es muy placentero. La vegetación que me acompaña a lo largo del trayecto, bosque y arbustos con un brillante color verde, y un sol de media tarde en otoño, me hace sentir como si estuviera en uno de los bosques de Robin Hood. Solo que en esta ocasión el caballo es una Kawasaki Versys 300 X en rodaje y yo el jinete.

Conduzco acompañado de mi sombra ya que apenas me cruzo con algún coche o tractor. Estoy tan puesto en la ruta y flipando con el entorno que y me paso de largo. Y es que el Salto del Biergue está algo escondido detrás de una curva de izquierdas que te obliga a quitar la vista de la carretera en el momento que estas saliendo de la curva y pasando por encima del puente que cruza el cañón de la Sierra de Guara.

¡Es mejor que en instagram! Paro a un lado de la carretera para sacar unas fotos y contemplar como el Sol se pone tras las montañas. ¡Qué bien me siento! La ruta, el lugar y la naturaleza. Creo que todos, en algún momento, hemos experimentado esta sensación de libertad y de estar a gusto con uno mismo. Esta es la imagen que no me saco de la cabeza ahora que estamos encerrados… Aquel preciso instante…

El Salto del Biergue
El Salto del Biergue

Se está muy bien pero calculo que me quedará una hora de luz y aún tengo que buscar sitio para acampar. Ya que voy con una moto TRAIL me adentro por una pista, a priori en buen estado, en busca de un lugar donde poner la tienda. Veo un camino que se separa de la pista principal y por su aspecto no parece que pasen muchos vehículos por el. Piedras grandes y contra peraltado. Puede ser un lugar troquilo, dice mi voz en off. Y a dentro.

Solo recorro unos metros y pasando un regadero se escucha un fuerte CLONCK y ruido de aceite. ¡Mierda! no es un buen lugar ni hora (20:30h) para tener problemas. Paro la moto y bajo de un salto. Le echo vistazo a la horquilla y veo como salen gotas de aceite de la barra izquierda. Me cabreo pero no lo pienso dos veces. Le doy la vuelta a la moto como puedo en aquel reducido espacio y salgo pitando de allí. Pitando pero con cuidado, no quiero liarla más.

Con el problema de la horquilla y pensando si se ha roto el reten o no, toca cambiar los planes. La idea de hacer acampada libre se va al garete y empiezo a buscar un camping. Si al día siguiente tengo que llamar una grúa prefiero que sea una gestión fácil. Localizo varios campings en la zona pero al ser temporada baja algunos están cerrados, y el que encuentro abierto, tiene la ruta más larga, con curvas y  ya está anocheciendo. Antes de volver a subir a la moto reviso de nuevo la horquilla por si acaso, y me voy hacia el camping, esto sí con la cabeza en modo conducción segura y todos los sentidos en la carretera.

Camping Río Vero.

De nuevo la ruta me sorprende y me atrapa, olvidándome de la incidencia y disfrutando de las curvas que el “problema” me ha puesto por delante para llegar al Camping Río Vero. Al final llego de noche así que toca montar la tienda con el frontal, pegarme una buena ducha relajante y cenar, de hornillo como toda buena aventura. Antes de hirme a dormir me quedo sentado en un rincón, escuchando el canto de los grillos y observando la luna llena. Llego la conclusión de que ha sido una tarde trepidante que ha valido la pena y soy afortunado de vivir estos momentos.

Mañana será otro día. ¡Buenas noches! 

Etiquetas:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *